“Radio Influenza”, recuerdos del futuro

“Perdón por lo que acabo de hacer, la influenza tomó mi cerebro, ya no soy yo mismo”. Así decía una nota escrita en un papel doblado y metido en la bota de un hombre que se había suicidado tirándose a las vías del tren entre dos pueblos británicos, un día de 1918. Es una entre cientos de historias que pueden escucharse en “Radio Influenza”, una extraordinaria obra sonora de un año de duración –con acceso libre en Internet–que creó el artista estadounidense radicado en Londres Jordan Baseman increíblemente en 2018 y que hoy, en medio de la pandemia de coronavirus, adquiere nuevos sentidos.

El trabajo de audio de 365 días le fue encargado a Baseman –profesor de medios basados en el tiempo en el Royal College of Art de Londres– por la Colección Wellcome en el centenario de la pandemia de la mal llamada “gripe española” que mató, al menos, a 50 millones de personas de todo el mundo en 1918 y 1919. Baseman se propuso investigar, interpretar y mostrar con su obra cómo se compartieron y experimentaron las noticias, los rumores, la información y la desinformación sobre el tema a través de los periódicos en ese momento.
Con producción de la Matt’s Gallery de Londres, “Radio Influenza”–todos sus audios pueden escucharse en el sitio web radioiflunuenza.org– se desarrolló a través de una profunda investigación de archivo, utilizando materiales originales de 1918-19. Las transmisiones se fueron subiendo al sitio a lo largo de 2018. Cada día se agregaba una del mismo día de 1918. Y hoy pueden escucharse todas y cada una de las 365. Desde historias locales individuales hasta respuestas nacionales e internacionales, el proyecto representa la devastación de la epidemia a través de lo cotidiano, explorando cómo se filtra la información en cada aspecto de la vida.

Pero “Radio Influenza”, a pesar de estar construida con informaciones reales de hechos reales, es una obra de arte. Por lo que supone sobre todo una experiencia estética. Las voces que uno escucha no son reales. Pertenecen a actores y están procesadas electrónicamente para que suenen metálicas y lejanas mientras leen con acento británico y tono neutro de BBC fragmentos de periódicos de 1918, con un fondo de ruido de interferencias y electricidad estática. Mientras, en la pantalla de la computadora o el celular se ven nubes desplazándose y cambiando de forma sobre un lúgubre cielo negro.
“Un hombre resfriado puede alcanzar fácilmente a un metro y medio con un estornudo –dice una entrada del 2 de octubre de 1918– Por lo tanto, debe mantenerse a distancia. Estornudar y toser sin un pañuelo debe considerarse como un asalto. El animal enfermo que se arrastra solo hasta recuperarse muestra un ejemplo que el hombre haría bien en seguir”.
Con buen criterio, Jordan Baseman evitó que el proyecto sentimentalizara o romantizara el pasado. ”Quería que sonara como una transmisión de un futuro distópico”, explicó. Lo que se escucha, entonces, es un híbrido entre realidad y artificialidad, entre documento y ficción.
Se desconocen los orígenes exactos de la “gripe española”, pero antes de que llegara a España, ya había causado muchas muertes en los Estados Unidos y en Francia. Los medios de comunicación de los países que participaron en la Primera Guerra Mundial (1914-19) estaban bajo censura militar y ocultaron la pandemia. España, país neutral, informaba en la prensa sin restricciones. Por eso, daba la sensación de que la península ibérica era el lugar más afectado y el centro de la enfermedad, desde donde después se expandió al resto del mundo. Por eso se la conoció como “gripe española”. Sin embargo, muchos estudios señalan que todo comenzó en los Estados Unidos y se propagó a Francia con la llegada de las tropas estadounidenses. Las trincheras se convirtieron en el hábitat ideal para la epidemia. La infección se desplazó con los soldados por todo el territorio y se extendió después a la población civil.
Utilizando informes contemporáneos del British Newspaper Archive en poder de la British Library, “Radio Influenza” hizo un seguimiento de los informes sobre desarrollos y fracasos científicos, las esperanzas y temores del público y la acción e inacción de los gobiernos.
De manera muy similar a lo que ocurre hoy, esas noticias estaban llenas de lo que hoy se conoce como fake news. La pandemia se atribuyó alternativamente a los submarinos alemanes, al jazz, a los inmigrantes y –cuándo no– a los judíos. Entre los cientos de noticias y discursos que pueden encontrarse en Radio Influenza –algunos audios tienen una duración cercana a los cuatro minutos, otros apenas 10 o 15 segundos– se puede escuchar historias épicas o delirantes, opiniones trasnochadas, instrucciones contradictorias para prevenir la enfermedad, tenebrosos conteos de muertes, dificultades para gestionar las crecientes cantidades de muertos. Por ejemplo: “Una mujer del East End de Londres que recibió un telegrama de que su hijo estaba seriamente enfermo de influenza en Saint Andrews, hizo todo el camino a pie, 80 millas. El viaje le tomó dos días y una noche”. O una desconcertante afirmación como: “Hay un proverbio francés que dice: todo aquel que baila no es feliz”. Lo mismo que una desmentida enfática: “Sir Daniel McBride no murió de influenza, como se informó. Sir Daniel McBride no murió en absoluto. Nuestra afirmación previa sobre su muerte fue incorrecta”.

Hay algo en la suma de esas alocuciones desmesuradas, llenas de incertidumbre y desesperación; en la sensación de vulnerabilidad y amenaza; en el lenguaje burocrático de los informes donde se cuelan el estupor y la perplejidad por la situación que parece no tener fin ni remedio, que llena la obra de Baseman de aliento poético. Y de delirio. “Corresponsales a lo largo del valle de Yangtze en China reportan la devastación producida por la enfermedad, con familias enteras barridas. Hubo muchos casos en Shanghai pero pocos mortales. Los chinos creen que la enfermedad se debe a la contaminación de la atmósfera mundial por el uso de explosivos y gases contaminantes en Europa”.
La misma incertidumbre desesperada que hoy produce el Covid-19, la misma necesidad de culpar a alguien. Dice Baseman: “Durante la pandemia de gripe, hubo un aumento en el antisemitismo, y las personas con cabello oscuro y rizado tuvieron que demostrar a los dignatarios locales que no eran extranjeros. Los funcionarios vincularon a los extranjeros con la infección, y el lenguaje en los informes era tan ridículamente racista que tuve que cortar mucho. Pero también hemos visto una forma de eso ahora, como que Trump usa la frase ‘virus chino’” para explicar por qué murieron ya más de 150.000 personas en Estados
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