Fotografía con otro espíritu

(M) MUESTRAS

NAF – Núcleo de Autores Fotográficos

Lugar: FOLA, Godoy Cruz 2626.
Fecha: hasta el 6 de junio.
Horario: lunes a domingos (excepto miércoles), 12 a 19:30.
Entrada: $200; Estudiantes y jubilados, $100.

¿La fotografía es arte? La pregunta hoy parece ridícula, pero no lo era en la Argentina de principios de los 80, cuando en los albores de la recuperación democrática un grupo de jóvenes fotógrafos producía las imágenes que hoy se exponen en FOLA (Fototeca Latinoamericana) en la muestra NAF – Núcleo de Autores Fotográficos. Su legado en la fotografía argentina.
El NAF se creó en 1984 y su primera muestra se llevó a cabo en el año 86 en el Centro Islas Malvinas, que funcionaba dentro de lo que hoy es Galerías Pacífico. Pero en aquel momento la exposición pudo verse en su totalidad apenas durante 48 horas: al segundo día de inaugurada, un juez ordenó el secuestro policial de 23 obras de tres de los fotógrafos partricipantes: Ataúlfo Pérez Aznar, Gianni Mestichelli y Enrique Abbate. Hasta hoy, aquella primera muestra nunca pudo verse completa, como se expone ahora en la Sala 1 de Fola, donde están, además de las fotografías censuradas en el 86, casi todas las de los otros nueve fotógrafos que integraron el NAF: Alfredo Baldo, Amado Becquer Casaballe, Hugo Gez, Eduardo Gil, Martín Glass, Eduardo Grossman, Juan José Guttero, Marcos López, Gianni Mestichelli, Ataúlfo Pérez Aznar, Oscar Pintor y Helen Zout.
La exhibición recupera además en las otras salas de FOLA las otras exposiciones históricas del NAF, que fueron apenas tres –17 fotógrafos y San Luis, Fotografía argentina de los 80 (realizada en Ouro Preto, Brasil, en 1987) y Fotones, en el Centro Cultural San Martín también en 1987 – en las que participaron además de los integrantes del grupo, numerosos fotógrafos invitados, como Juan Travnik, Julie Weiz, Jorge Aguirre, Marcelo Brodsky, Alicia D’Amico, Ricardo Cárcova, Diego Goldberg, Adriana Lestido, RES, Dani Yako, Facundo de Zuviría e Hilda Lizarazu, entre otros. El conjunto de la actual exposición reúne cerca de 200 fotografías de unos 60 autores.
Las cuatro muestras fueron curadas en su momento por los 12 integrantes del NAF, de modo que la actual no tiene curador en sentido estricto, sino dos coordinadores: Ataúlfo Pérez Aznar y Sivia Mangialardi, que respetaron la curaduría original en cada caso. Sin embargo, en la exposición actual hay un concepto de curaduría, que fue la decisión de conformar las cuatro muestras como una mirada totalizadora del NAF.
El corazón de la muestra de FOLA está sin duda en la Sala 1, donde se reproduce La primera del NAF, como se tituló la muestra inaugural del grupo. Con las excepciones de Juan José Guttero y de Amado Becquer Casaballe –ambos fallecidos– cuyas obras no fue posible conseguir para la ocasión, se muestran allí, agrupadas, diez obras de cada autor, casi como si se tratara de una pequeña muestra individual de cada uno. Ese se consideró el número mínimo de obras para mostrar la mirada individual de cada autor. Y de eso se trataba en parte el NAF, como lo señala el Manifiesto del grupo, expuesto en un lugar central de la sala. “El fotógrafo no sólo deja testimonio de lo que registra con su cámara, sino también de su particular manera de ver al mundo (…) Nosotros –sostiene el Manifiesto del NAF–, un grupo de fotógrafos hasta ahora dispersos en esfuerzos individuales, identificados con el objetivo de valorizar lo que ha sido definido como ‘fotografía de autor’ –que surge de una vital e íntima necesidad de expresión– y pertenecientes a distintas escuelas y estilos, al fundar el Núcleo de Autores Fotográficos pretendemos ocupar un espacio que consideramos propio. De esta forma, el Núcleo concibe una propuesta comunitaria, porque entendemos que el esfuerzo solidario es la mejor garantía para alcanzar los objetivos que nos proponemos, y que la fotografía como expresión resulte definitivamente incorporada como una de las más auténticas artes visuales”.
Pese a la diversidad de estilos, se respira en el conjunto un aire en común, que es el de lo que en esos años 80 se denominaba el “destape”, el clima de ebullición política, social y cultural inmediatamente después de la dictadura, el entusiasmo general por el fin del encierro, el cuestionamiento de la represión y los cambios que se vivían en la sociedad. Así, llama la atención el interés de algunos de los autores en la vida en los psiquiátricos, presente en la extraordinaria serie de Eduardo Gil sobre el Hospital Borda (1982-84) y de Helen Zout sobre el neuropsiquiátrico Melchor Romero, y, en menor medida, en las de Enrique Abbate.
Al respecto, dice Ataúlfo Pérez Aznar: “Fue un momento muy especial de la democracia… Eduardo Gil y Marcos López tuvieron acceso a ese universo porque la democracia abrió los talleres del Borda. Antes no te dejaban entrar con la cámara. Nos abrieron lugares, a Adriana Lestido le abrieron la cárcel y pudo hacer ese famoso ensayo. Se dio una gran apertura y, de parte de los fotógrafos, hubo una gran avidez de acceder a espacios hasta entonces cerrados y sacar cosas que hasta el momento era imposible mostrar.

Otro interés común entre varios fotógrafos de esa primera muestra fue el desnudo. Con estéticas y enfoques muy disímiles –que no hicieron diferencia para el juez Sabatini, quien ordenó el secuestro de las 23 fotos en la exposición de 1986– los desnudos de Mestichelli, Abbate y Pérez Aznar fueron disruptivos para la época. De Abbate son tres retratos de su pequeña hija desnuda. De Mestichelli, una serie en colaboración con la Compañia Argentina de Mimo: mimos, hombres y mujeres, jugando en grupo con sus cuerpos desnudos, amontonados, abrazados, entralazados acrobáticamente, fotos llenas de humor y desparpajo. De Pérez Aznar, desnudos frontales, de gente despojada. Se diría que no son estrictamente desnudos, sino más bien retratos de gente desnuda. Dice el mismo Pérez Aznar de su serie: “Hasta cierto momento los desnudos fotográficos eran pictóricos, esteticistas, se tapaba el sexo, se tapaba la identidad de los personajes. Esos desnudos marcan una época. Yo profundicé el desnudo desde el retrato, no trabajaba con modelos, son retratos de personas que a través de su desnudez afrontan su visión del mundo, su ideología. Y en esos retratos desnudos se veía el sexo, que en la fotografía ‘artística’ era lo incorrecto y se evitaba”.

Uno se pregunta hoy qué habrá escandalizado tanto en esos tres grupos de fotos como para secuestrarlas y procesar a sus autores en la justicia. Y no puede menos que responderse: en las fotos de las tres series siempre es visible el sexo de los retratados. “Estuvimos imputados por más de un año y no pudimos salir del país hasta que nos declararon inocentes”, evoca Pérez Aznar.
El rechazo del grupo a la idea de lo “artístico” y esteticista no se limitaba al desnudo, sino que abarcaba a la fotografía en general. En su libro La unión hace la fuerza, editado en 2018 por la Fundación Alfonso y Luz Castillo, Rodrigo Alonso analiza el papel de los grupos fotográficos y el reconocimiento institucional de la fotografía argentina. Señala allí que uno de los factores aglutinantes más decisivos del NAF fue precisamente “la oposición a la influencia de los fotoclubes y su noción de ‘fotografía artística’, basada en cierta belleza edulcorada, conseguida mediante recursos técnicos y la construcción de situaciones alegóricas, de carácter más o menos poético”.
Pérez Aznar precisa las razones del rechazo a la influencia de los fotoclubes en la época. En 1980, un año después de crearse el Consejo Argentino de Fotografía, Pérez Aznar abrió en La Plata la fotogalería Omega, la primera galeríá del país dedicada a la fotografía. “Ahí –recuerda- empezó a moverse un poco la fotografía… Eduardo Grossman fue uno de los primeros en exponer en Omega, con él empezamos a impulsar el debate de los que abordamos la fotografía como medio de expresión. Lo que existía de modo muy fuerte en la Argentina era el Fotoclub, pero no había un lugar donde hacer muestras individuales. Calculá que Eduardo Comesaña hizo una muestra en el 69 y tuvo que alquilar el hall del Teatro Ópera. No había lugares para exponer un conjunto de fotos con una visión particular del fotógrafo… Eso me llevó a abrir Fotogalería Omega. Con Grossman hicimos una lista (que ahora se expone con otros documentos en una vitrina en la muestra) con los nombres manuscritos de los que queríamos invitar al grupo. El criterio era que no fuera tan amplio para que se pudiera debatir sin generarse un estado de asamblea donde se discute todo y no se acuerda nada”.
Ese fue el origen del NAF. Después llegarían las muestras, los debates del grupo, el propósito nunca logrado de editar libros de fotos, el establecimineto de contactos con fotógrafos e instituciones de Latinoamérica y el proyecto de armar un evento internacional. Ese evento internacional, el primero en la Argentina, fueron las Jornadas de Fotografía Buenos Aires – La Plata, organizadas en 1988 por Pérez Aznar, Grossman, Eduardo Gil, Facundo de Zuviría, Horacio Espósito y Diego Goldberg, un éxito que demandó tanto trabajo y dedicación que produjo cierto abandono del NAF, que se fue diluyendo hasta desactivarse en 1989.
Hace dos años Pérez Aznar le planteó a Silvia Mangialiardi, directora artística del Festival de la Luz, emprender el trabajo de reunir las cuatro muestras del NAF es una exposición. La idea fue no solo rememorar la muestra censurada. El objetivo central fue revivir el espíritu del NAF que era, en palabras de Pérez Aznar, “el de una fotografía mucho más solidaria que en la actualidad, que convocaba a decenas de fotógrafos, la mayoría jóvenes”. Como no existe registro de todo lo que se expuso en su momento, los coordinadores de la exhibición tuvieron que recurrir a la memoria de cada fotógrafo. Fue una muestra difícil de armar.
Silvia Mangialardi coincide con Pérez Aznar: “Lo más significativo del NAF –sostiene– fue su espíritu. Se reunían para mostrarse fotos, analizarlas, criticarlas, charlar entre todos, escuchar ideas diferentes, eran una instancia de debate franco, pero sobre todo para generar proyectos colectivos. Era un grupo abierto, sin un líder, en el que compartían las decisiones y la responsabilidad entre todos sus integrantes. A la mayoría de sus proyectos invitaron a fotógrafos que no eran del grupo, y muchos autores del interior del país se conectaron para mostrarles su trabajo, varios de los cuales llegaron a participar. Para algunos hasta se convirtió en una motivación para seguir tomando fotos con cierta continuidad. Fue una inyección de vitalidad para la fotografía argentina emergente”.

Imágenes: Eduardo Grossman. La Rural, 1974. Marcos López, «Enrique Mario», Buenos Aires, 1982, Eduardo Gil. «El Mariscal I.» El Borda, 1982-84. Ataúlfo Pérez Aznar, Alicia en su casa. La Plata, 1986. Oscar Pintor. Angualasto, San Juan, 1980. Gianni Mestichelli. «Mimos (M2H15)», Buenos Aires, 1983. Helen Zout. Neuropsiquiátrico Melchor Romero. Serie Salud mental. La Plata ca. 1985. Marcos López. Autorretrato. Buenos Aires, 1984.

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2021-06-01T16:13:58+00:00